Daily Devotionals
De día en día
Devotional: February 28th

“Jehová los destruirá... y tú los echarás, y los destruirás enseguida” (Deuteronomy 9:3).

En todos los tratos de Dios con la humanidad hay una interesante fusiσn de lo divino y lo humano. Tomemos la Biblia como ejemplo. En ella se destacan el autor Divino y los autores humanos que escribieron movidos por el Espνritu Santo.
En lo tocante a la salvaciσn, ιsta pertenece al Seρor de principio a fin. No hay nada que un hombre pueda hacer para ganarla o merecerla; pero debe recibirla por la fe. Dios elige individuos para la salvaciσn, no obstante, ιstos tienen que entrar por la puerta angosta. Por esta razσn Pablo escribe a Tito acerca de: “la fe de los escogidos de Dios” (Titus 1:1).

Desde el punto de vista divino somos “guardados por el poder de Dios”. Sin embargo, tambiιn existe la parte humana: “mediante la fe” (1 Peter 1:5). “Guardados por el poder de Dios mediante la fe”.


Solamente Dios puede hacerme santo. Sin embargo, no me harα santo sin mi cooperaciσn. Debo aρadir a mi fe virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor (2 Peter 1:5-7) y vestirme de toda la armadura de Dios ( 6:13-18). Debo despojarme del viejo hombre, vestirme del nuevo hombre ( 4:22-24) y caminar en el espνritu (Galatians 5:16).


Encontramos la mezcla de lo divino y lo humano en toda el αrea del ministerio cristiano. Pablo planta, Apolos riega, mas Dios da el crecimiento (1 Corinthians 3:6).
En lo que respecta al liderazgo en la iglesia local, aprendemos que sσlo Dios puede hacer de un hombre un anciano. Pablo recordσ a los ancianos de ιfeso que era el Espνritu Santo quien les habνa hecho sobreveedores ( 20:28). Sin embargo, la voluntad del hombre estα implicada: Debe anhelar el obispado (1 Timothy 3:1).
Por ϊltimo, en el texto de este dνa vemos que es Dios quien destruye a nuestros enemigos, pero somos nosotros quienes debemos echarlos y destruirlos. (Deuteronomy 9:3).
Para poder llegar a ser cristianos equilibrados, debemos reconocer esta fusiσn de lo divino y lo humano. Debemos orar como si todo dependiese de Dios pero trabajar como si todo dependiera de nosotros. Algunos soldados solνan decir en tiempo de guerra: “Alabado sea Dios, y pasa las municiones”, o como alguien sugiriσ: debemos orar por una buena cosecha y mantener el azadσn en la mano. Decimos de forma mαs castiza: “a Dios rogando y con el mazo dando”.