the Fourth Week after Epiphany
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Daily Devotionals
De día en día
“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”
(2 Corinthians 4:6)
“Dios resplandeció...para iluminación”. De aquí aprendemos que no debemos creer que somos las terminales de las bendiciones de Dios sino solamente los canales. La expresión “Dios resplandeció”, se refiere a nuestra conversión. Mientras que en la creación original mandó que la luz resplandeciera, en la nueva creación él mismo ha resplandecido en nuestros corazones.
Pero hizo esto no para que acaparáramos egoístamente la marea de sus bendiciones, sino para que el conocimiento de su gloria en la faz de Jesucristo pudiera darse a conocer a los demás por medio de nosotros.
De modo similar, Pablo hablaba de cómo Dios había revelado “su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles...” (Galatians 1:16). Dios revela a Su Hijo en nosotros para que podamos darlo a conocer a los demás. Cuando entendí la verdad de ésto hace algunos años, escribí en mi Biblia:
Si de Jesús lo único que ven,
Fuese lo que ven en ti,
MacDonald, ¿qué es lo que ven?
No es de sorprenderse que MacPherson dijera: “La predicación es algo augusto, sublime y sobrecogedor, una acción sobrenatural, la transmisión de una Persona a través de una persona a una compañía de personas, la Persona así transmitida es el Jesús eterno”. MacPherson lo ilustraba por medio de un incidente ocurrido cuando el rey Jorge V estaba hablando por la radio y sus palabras estaban siendo retransmitidas a América. Un cable muy importante se rompió en la estación de New York, llenando de pánico al personal. “Entonces Harold Vivien, un joven mecánico vio en aquel momento qué hacer. Asiendo con sus manos los extremos del cable roto, los sostuvo con valentía, mientras la corriente transmitía el mensaje real. La carga eléctrica, que era de doscientos cincuenta voltios, sacudían su cuerpo, convulsionándole de pies a cabeza y causándole dolores considerables. Pero él no aflojó la mano. Resuelta y desesperadamente se aferró al cable hasta que la gente terminó de escuchar al rey”.
Sólo canales, bendito Maestro,
Pero con Tu poder extraordinario
Fluyendo a través nuestro
Puedes usarnos siempre a diario.
“Porque Dios, que mandσ que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeciσ en nuestros corazones, para iluminaciσn del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”
(2 Corinthians 4:6)
“Dios resplandeciσ...para iluminaciσn”. De aquν aprendemos que no debemos creer que somos las terminales de las bendiciones de Dios sino solamente los canales. La expresiσn “Dios resplandeciσ”, se refiere a nuestra conversiσn. Mientras que en la creaciσn original mandσ que la luz resplandeciera, en la nueva creaciσn ιl mismo ha resplandecido en nuestros corazones.
Pero hizo esto no para que acaparαramos egoνstamente la marea de sus bendiciones, sino para que el conocimiento de su gloria en la faz de Jesucristo pudiera darse a conocer a los demαs por medio de nosotros.
De modo similar, Pablo hablaba de cσmo Dios habνa revelado “su Hijo en mν, para que yo le predicase entre los gentiles...” (Galatians 1:16). Dios revela a Su Hijo en nosotros para que podamos darlo a conocer a los demαs. Cuando entendν la verdad de ιsto hace algunos aρos, escribν en mi Biblia:
Si de Jesϊs lo ϊnico que ven,
Fuese lo que ven en ti,
MacDonald, Ώquι es lo que ven?
No es de sorprenderse que MacPherson dijera: “La predicaciσn es algo augusto, sublime y sobrecogedor, una acciσn sobrenatural, la transmisiσn de una Persona a travιs de una persona a una compaρνa de personas, la Persona asν transmitida es el Jesϊs eterno”. MacPherson lo ilustraba por medio de un incidente ocurrido cuando el rey Jorge V estaba hablando por la radio y sus palabras estaban siendo retransmitidas a Amιrica. Un cable muy importante se rompiσ en la estaciσn de New York, llenando de pαnico al personal. “Entonces Harold Vivien, un joven mecαnico vio en aquel momento quι hacer. Asiendo con sus manos los extremos del cable roto, los sostuvo con valentνa, mientras la corriente transmitνa el mensaje real. La carga elιctrica, que era de doscientos cincuenta voltios, sacudνan su cuerpo, convulsionαndole de pies a cabeza y causαndole dolores considerables. Pero ιl no aflojσ la mano. Resuelta y desesperadamente se aferrσ al cable hasta que la gente terminσ de escuchar al rey”.
Sσlo canales, bendito Maestro,
Pero con Tu poder extraordinario
Fluyendo a travιs nuestro
Puedes usarnos siempre a diario.