the Second Week after Easter
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Daily Devotionals
De día en día
“no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos. Ni seáis llamados maestros, porque uno es vuestro Maestro, el Cristo”
(Matthew 23:8-10).
El Seρor Jesϊs advirtiσ a sus discνpulos contra el uso de tνtulos ostentosos que alimentan al ego y ponen al yo en el lugar de la Trinidad.
Dios es nuestro Padre, Cristo es nuestro Seρor y el Espνritu Santo es nuestro Maestro. No debemos apropiarnos esos tνtulos en la iglesia. En el mundo, por supuesto tenemos un padre terrenal, en el trabajo estamos bajo la autoridad de jefes o patrones, y en la escuela aprendemos bajo la tutela de maestros. Pero espiritualmente hablando, los miembros de la Deidad desempeρan esas posiciones, y como tales, sσlo ellos deben ser honrados.
Dios es nuestro Padre en el sentido que es el Dador de la vida. Cristo es nuestro Seρor porque le pertenecemos y estamos sujetos a Su direcciσn. El Espνritu Santo es nuestro Maestro porque es el autor e intιrprete de la Escritura y toda nuestra enseρanza debe ser dirigida por ιl.
Quι extraρo, pues, que las iglesias conserven tνtulos honorνficos tal como si Cristo nunca hubiera prohibido su uso. Sacerdotes y ministros se hacen llamar todavνa “padre” y se refieren algunas veces a ellos como Dσmine, que significa Seρor. Los clιrigos utilizan regularmente el tνtulo “Reverendo”, que significa “temible”, y es una palabra que la Biblia emplea en exclusiva para Dios, (ver 111:9 “santo y temible es tu nombre”). El tνtulo “Doctor” viene del Latνn docere, que significa enseρar. De modo que doctor significa maestro. Los rangos, merecidos u honorνficos, provienen de instituciones acadιmicas que la mayorνa de las veces son hospitales para apestados de infidelidad en vez de baluartes de la fe cristiana. Sin embargo, cuando un hombre es presentado en la asamblea como “Doctor”, lo que se quiere implicar es que sus palabras tienen peso y autoridad a causa de su grado acadιmico. Esto, desde luego, es una frivolidad y estα completamente injustificado. Un basurero cheposo, lleno del Espνritu Santo, puede hablar mejor y con mαs veracidad como un orαculo de Dios.
Hay lugar para los tνtulos en el mundo secular. El principio que se aplica en esa esfera es: “pagad a todos lo que debιis...al que respeto, respeto; al que honra, honra” (Romans 13:7). Pero el principio que se aplica en la asamblea estα establecido por el Seρor con las palabras: “todos vosotros sois hermanos” (Matthew 23:8).